jueves, 22 de febrero de 2007

Paja

Su belleza era extraña. Para nosotros, blaquitos de mierda, hijos de la postglaciación: antigua. La vi hoy en el metro, y juro que basta un cuarto de hora para esculpir catedrales de admiración. Para forjar capiteles de exclamaciones como "Ohhhh", el evangelio de Ohhhh. Mecagüen... se irá en la próxima parada. Rasgos atrapados en el voceto de un artista persa. Nefertiti, podías olerme. Y tu piel parda. Y tus ojos rasgados que me cazaban en cualquier posición, obligándome, cual perro, a mirar al suelo. ¡sit!
Ocultaba con una carpeta el culo, lo ocultaba de mí. Sería indonesia, o de la polinesia, tal vez no tuviera origen. Rostro piramidal, labios de baobab, trazos primitivos en la cueva de esta joven hembra.
Así nació el arte: esto es el arte: una pulsión por eyacular en el metro, en un lienzo, o dónde sea, y atraer a hembras, dioses, y machos, muchas hembras. Por eso, a estas cosas que escribimos, las llamamos con mucha razón paja mental.
Mentira: el arte y el amor son algo sublime
*Dibujo publicado originalmente en la serie Sucedió en Lluevemontón, de Eneko Las Heras.

1 comentario:

El murmullo de las cucarachas dijo...

que agustitooo..troncko... cagar el primeroooo....

Lo malo de las pajas mentales, y lo bueno aveces... es que duran mucho más que las fisicas... y puedes hacerlas con las manos ocupadas...

damos fe.....